El amor que dura es, de alguna manera, un amor que cura. O que previene. "Si logramos que nuestra pareja funcione y perdure habremos agregado unos cinco años a nuestra vida" –afirma el doctor Paul Pearsall, de la Escuela de Medicina de Harvard y creador de la psiconeurosexualidad.
Arnold Lazarus, psicólogo clínico, profesor emérito de las universidades de Rutgers y de Yale, autor de Mitos maritales, describe así esa construcción: "Una pareja debe ajustarse a rutinas diarias que incluyen comer, vestirse, trabajar, sincronizar actividades y conductas. El objetivo es construir un capital común de actos, hábitos y experiencias que resultan de una profunda aceptación mutua, sin las falsas esperanzas y las imposibles ilusiones del ideal romántico".
Mientras dure ese vínculo seremos más saludables; no digo que no existirán enfermedades, pero sí que dispondremos de lo que la investigación denomina amortiguador basado en el vínculo.
Para Francesco Alberoni, sociólogo italiano autor de Enamoramiento y amor, las parejas que duran han superado el "grueso error de confundir el flechazo con todo el proceso amoroso en su complejidad".
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