Hace varios años me telefoneó una mujer que estaba sumamente perturbada. Me dijo que estaba al borde de un colapso nervioso. Aparentemente ella se había apartado del Señor, pero ahora había vuelto a Él y realmente quería hacer su voluntad. Sin embargo, los recuerdos de sus días de extravío espiritual seguían persiguiéndola. Por alguna razón, no podía aceptar el hecho de que Dios había perdonado sus pecados, y no tenía paz ni gozo. Pero lo peor de todo era que, con su actitud, le estaba diciendo a Dios: "No te creo. ¡No es cierto lo que dices!"
Yo le dije: "Supón que una de tus mejores amigas, por descuido, te rompe una pieza de tu mejor vajilla. Lamentándolo mucho, te pide sinceras excusas por no ser más cuidadosa. Tú le aseguras que no le guardarás rencor por eso. Ahora, ¿qué pensarías si cada vez que ves a esa persona ella recordase cuán necia fue y te pidiese perdón de nuevo? Después de un tiempo, probablemente te exasperarías y le dirías: "Oye, olvídate del asunto. Te he perdonado de corazón y ¡no quiero que vuelvas a mencionar eso!""
Dios también es fiel a su Palabra, porque promete limpiarnos cuando reconocemos nuestras faltas. Por tanto, confiesa tus pecados al Señor. Luego, cree que Él te ha perdonado. --RWD
Una vez le has entregado a Dios tus pecados,
no trates de quitárselos de nuevo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario