Por Viviana Hidalgo
Psicóloga
¿Recuerda alguna ocasión en la que una persona le haya escuchado con atención o ayudado con sus necesidades, dejando las propias en espera? ¿Alguien le ha ayudado a cambiar la llanta de su carro en medio de un torrencial aguacero o a cargar una bolsa que evidentemente le costaba llevar? ¿Alguna vez ha tenido a alguien a su lado y sin siquiera hablarle, siente que le ha comprendido? De responder afirmativamente a cualquiera de estas situaciones, puede decir que ha tenido la gran suerte de haberse encontrado con personas empáticas.
La empatía es una destreza humana, que implica reconocer las necesidades y los sentimientos de otras personas. Popularmente, se ha conocido como la capacidad de “ponerse en los zapatos del otro”, es decir, intentar entender la situación desde la perspectiva de la otra persona; verse uno reflejado en su vivencia e identificarse con su realidad.
Tomado de enfoque a la familia
Ser empático es tener la habilidad de captar lo que otra persona puede estar sintiendo o requiriendo, muchas veces sin necesidad de que ésta lo exprese. Es poder escuchar, comprender y sintonizarse con las emociones de los demás, aunque tenga que dejar por un momento las propias necesidades de lado.
Desdichadamente, con el ritmo de la vida actual, donde predomina la prisa y la competitividad, topar con personas empáticas no es tan fácil. Menos aún, practicar uno mismo la empatía con los demás. Desafortunadamente, hoy en día la tendencia es que las personas están cada vez menos dispuestas a ayudar o a dejar por un momento sus necesidades para atender las ajenas. Muchos optan por encerrase en su mundo, donde se sienten más cómodos o creen que por estar muy ocupados, no pueden involucrarse con lo que sucede a su alrededor.
Sin ir muy lejos, muchas veces dentro del mismo hogar, nos se propicia la práctica y enseñanza de la empatía. Los padres llegan cansados de sus trabajos y dejándose llevar por sus estados de ánimo, su estrés o sus preocupaciones, olvidan la necesidad de sus hijos o de sus parejas, inclusive las de ser escuchados con atención.
Algunos padres suelen caer en el error de creer que los problemas de los hijos no son tan grandes o críticos como los propios, se encierran en su mundo adulto y se pierde la oportunidad de tener ese acercamiento tan necesario con los hijos, acercamiento que con un poco de empatía se percibiría como elemento indispensable en la cotidianeidad del hogar. Dejar a un lado las propias turbulencias para detenerse a escuchar un poco más las necesidades de los hijos, así como hacerles saber que se les comprende, propicia una relación familiar más armoniosa y una convivencia más positiva.
La empatía inicia en el hogar
Como sucede con todo valor, es en casa donde se inicia el desarrollo y se enriquece la habilidad de la empatía. Los padres son los modelos primordiales para que el valor de la empatía se aplique, tanto dentro del hogar, como fuera de él. Sin embargo, se torna muy difícil que los hijos lo aprendan y lo practiquen, si en sus propias casas no son escuchados. Más difícil todavía, si ven a sus padres negándose a atender una llamada telefónica de un amigo u ocultándose de un vecino que pasa pidiendo un favor.
Como sucede con todo valor, es en casa donde se inicia el desarrollo y se enriquece la habilidad de la empatía. Los padres son los modelos primordiales para que el valor de la empatía se aplique, tanto dentro del hogar, como fuera de él. Sin embargo, se torna muy difícil que los hijos lo aprendan y lo practiquen, si en sus propias casas no son escuchados. Más difícil todavía, si ven a sus padres negándose a atender una llamada telefónica de un amigo u ocultándose de un vecino que pasa pidiendo un favor.
Los padres deben continuar demostrando empatía hacia sus hijos, principalmente, inculcar este valor con el ejemplo. Es necesario transmitirles la importancia de comprender y atender las necesidades y los sentimientos de los demás, no sólo con los que forman parte del hogar, sino también con las personas que están fuera, en la escuela, en el barrio, la iglesia, ya sean conocidos o no.
Como padres es importante:
-Estimular a los niños a que siempre que puedan, reflexionen cómo pueden estar sintiéndose los demás ante determinada situación.
-Corregirles cada vez que hagan comentarios o se expresen menospreciando las necesidades o sentimientos de otros.
-Reforzar cuando muestran una actitud empática hacia otros.
-Enseñarles a ubicarse en situaciones ajenas, sobre todo cuando experimenten situaciones de conflicto, para que tomen en cuenta los distintos puntos de vista.
-Mostrar con su ejemplo la satisfacción que se siente al ayudar o escuchar a alguien: cuando un vecino llega a conversar, al atender la llamada telefónica de un amigo o familiar que necesita ser escuchado, dejar de ver la televisión cuando alguno está en apuros, visitar a un conocido que ha estado enfermo, entre otros.
-Estimular a los niños a que siempre que puedan, reflexionen cómo pueden estar sintiéndose los demás ante determinada situación.
-Corregirles cada vez que hagan comentarios o se expresen menospreciando las necesidades o sentimientos de otros.
-Reforzar cuando muestran una actitud empática hacia otros.
-Enseñarles a ubicarse en situaciones ajenas, sobre todo cuando experimenten situaciones de conflicto, para que tomen en cuenta los distintos puntos de vista.
-Mostrar con su ejemplo la satisfacción que se siente al ayudar o escuchar a alguien: cuando un vecino llega a conversar, al atender la llamada telefónica de un amigo o familiar que necesita ser escuchado, dejar de ver la televisión cuando alguno está en apuros, visitar a un conocido que ha estado enfermo, entre otros.
Existe una técnica muy útil que puede utilizarse en casa. Cada miembro diariamente, puede anotar, en un cuaderno o pizarra, al menos una acción en la que haya demostrado empatía durante el día, por ejemplo: “consolé a mi amiguito porque su mascota está enferma”, “le ayudé a un compañero de trabajo a terminar su proyecto”, “me reuní con una amiga que necesitaba desahogarse por un problema”, “le cedí mi asiento del bus a una persona mayor”, etc.
Ser empático
Para ser empático, es primordial saber reconocer primero las propias emociones. Entre más se conozca a sí mismo, más facilidad se tendrá para comprender los sentimientos de los demás. A la vez, esto permite acercarse y ayudar a las personas sin afectar o perjudicar nuestro propio estado emocional, pues de ser así, pocas posibilidades quedarían para comprender realmente y acompañar a la persona necesitada.
Para ser empático, es primordial saber reconocer primero las propias emociones. Entre más se conozca a sí mismo, más facilidad se tendrá para comprender los sentimientos de los demás. A la vez, esto permite acercarse y ayudar a las personas sin afectar o perjudicar nuestro propio estado emocional, pues de ser así, pocas posibilidades quedarían para comprender realmente y acompañar a la persona necesitada.
Cuando se experimenta empatía…
→ Las personas que desarrollan la empatía mantienen relaciones más profundas con los demás.
→ Son más efectivos en la comunicación, debido a que son capaces de monitorear las reacciones de los demás.
→ Tienen la habilidad de entender los diferentes puntos de vista, aunque no estén de acuerdo con ellos.
→ Comparten los sentimientos del otro, incluso sin tener que exponerlo en forma verbal.
→ Están en capacidad de ser compasivos frente a las situaciones dolorosas.
→ Las personas que desarrollan la empatía mantienen relaciones más profundas con los demás.
→ Son más efectivos en la comunicación, debido a que son capaces de monitorear las reacciones de los demás.
→ Tienen la habilidad de entender los diferentes puntos de vista, aunque no estén de acuerdo con ellos.
→ Comparten los sentimientos del otro, incluso sin tener que exponerlo en forma verbal.
→ Están en capacidad de ser compasivos frente a las situaciones dolorosas.
¿Cómo demostrar empatía?
→ Es fundamental, concentrase en escuchar de manera activa a la otra persona, es decir, estar alerta a los mensajes verbales y no verbales que expresa.
→ Hay que hacerle saber a la otra persona que se le está prestando absoluta atención. Para esto, es necesario sostener contacto visual, asentir con la cabeza de vez en cuando y no distraerse con otra actividad o hacer otras cosas al mismo tiempo.
→ Debe evitarse interrumpir con opiniones propias o con comentarios, al menos hasta que la persona termine de expresarse.
→ Es importante tener cuidado de no juzgar, evaluar o descalificar lo que la otra persona está diciendo o sintiendo. Aunque no se comparta, hay que recordar que sus emociones son válidas y por lo tanto merecen nuestro respeto.
→ Ver la situación desde la perspectiva del otro, es decir, ubicarse en el lugar de la otra persona para poder comprenderla.
→ Demostrarle al otro que se está sintonizando con su sentir o su pensar. Para esto, ayuda mucho la expresión: “Comprendo lo que estás sintiendo / pensando”, “Si yo estuviera en tu lugar, me sentiría de la misma forma”.
→ No se trata de tener que resolverles los problemas a los demás. Basta con estar ahí, centrado en la necesidad del otro, acompañándole y entregándole tiempo de escucha y comprensión.
→ Es fundamental, concentrase en escuchar de manera activa a la otra persona, es decir, estar alerta a los mensajes verbales y no verbales que expresa.
→ Hay que hacerle saber a la otra persona que se le está prestando absoluta atención. Para esto, es necesario sostener contacto visual, asentir con la cabeza de vez en cuando y no distraerse con otra actividad o hacer otras cosas al mismo tiempo.
→ Debe evitarse interrumpir con opiniones propias o con comentarios, al menos hasta que la persona termine de expresarse.
→ Es importante tener cuidado de no juzgar, evaluar o descalificar lo que la otra persona está diciendo o sintiendo. Aunque no se comparta, hay que recordar que sus emociones son válidas y por lo tanto merecen nuestro respeto.
→ Ver la situación desde la perspectiva del otro, es decir, ubicarse en el lugar de la otra persona para poder comprenderla.
→ Demostrarle al otro que se está sintonizando con su sentir o su pensar. Para esto, ayuda mucho la expresión: “Comprendo lo que estás sintiendo / pensando”, “Si yo estuviera en tu lugar, me sentiría de la misma forma”.
→ No se trata de tener que resolverles los problemas a los demás. Basta con estar ahí, centrado en la necesidad del otro, acompañándole y entregándole tiempo de escucha y comprensión.
Existe una “reflexión de oro” que las autoras González y López (2003) rescatan para poder desarrollar y poner en práctica la habilidad de la empatía. Esta reflexión incluye un ejercicio básico que consiste en responder constantemente a las siguientes tres preguntas:
1) ¿Cómo me sentiría yo si me pasara lo que le sucedió al otro?
2) ¿Me gustaría que me hicieran lo mismo que yo estoy haciéndole al otro?
3) ¿Qué me gustaría que el otro hiciera por mí si yo estuviera en su situación?
1) ¿Cómo me sentiría yo si me pasara lo que le sucedió al otro?
2) ¿Me gustaría que me hicieran lo mismo que yo estoy haciéndole al otro?
3) ¿Qué me gustaría que el otro hiciera por mí si yo estuviera en su situación?
Todos los días tenemos oportunidades para demostrar empatía. Sólo hay que tener el oído y el corazón abierto para acercarme a alguien que requiere de mi compañía y de mi atención. En vez de creer que primero son mis necesidades o mi tiempo, debo comprender que las necesidades y el tiempo de los demás, son también una parte esencial para mi superación y crecimiento como ser humano.
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